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Técnicas de Estudio

Presentación de Trabajos

Cuando se va a realizar un trabajo hay que empezar por definir el tema del mismo. A veces este viene determinado por el profesor, pero otras veces es el propio alumno quien debe proponerlo.

En este segundo caso, la elección del tema es clave ya que de el dependerá en gran medida el éxito o fracaso del trabajo.

El tema no puede ser ni excesivamente amplio ni demasiado restrictivo.

Si es demasiado amplio resultará muy difícil profundizar, aportar algo nuevo, por lo que puede quedar en generalidades, careciendo del más mínimo interés.

Además, la información disponible será tan amplia que resultará difícil seleccionarla.

Si el tema es demasiado restrictivo el alumno puede tener serias dificultades en encontrar información.

El tema del trabajo debe moverse en un punto intermedio, en el que el alumno pueda disponer de información suficiente y en el que pueda profundizar algo, realizando alguna aportación interesante.

Hay que informarse de la extensión prevista del trabajo.

Evitar que sea demasiado corto o demasiado extenso (conllevaría una excesiva dedicación que probablemente no era necesaria).

Puede resultar conveniente hablar con compañeros de cursos superiores para conocer que tipos de trabajo son los que mejor evalúa el profesor.

Si es posible sería interesante ver alguno de años anteriores.

El alumno debe comenzar por buscar información:

Para un trabajo escolar o universitario ordinario se deben consultar al menos 3 / 4 libros especializados.

Para otros trabajos más amplios (tesinas, proyecto fin de carrera o tesis) la bibliografía consultada será muchísimo más amplia. También debe buscar en Internet, en prensa y en revistas especializadas.

De todo este material se extraerán ideas, opiniones, teorías, etc., que servirán de base para determinar la tesis que se va a exponer, el punto de vista que se va a desarrollar.

A continuación se irá perfilando la estructura del trabajo:

Por ejemplo: una primera parte introductoria; luego tres apartados en los que se expondrán las ideas principales; estos apartados se dividirán en diversos sub-apartados en los que se profundizarán en determinados aspectos; finalmente un apartado de conclusiones.

Determinada la estructura, con las ideas y conceptos que se van a tratar en cada una de sus partes, se pasará a la redacción, expresando con las propias palabras dichas ideas, enriqueciéndolas con explicaciones, hipótesis, ejemplos, etc.

Es preferible desarrollar de entrada todo el trabajo aunque sea sin pulir. A continuación se le irán dando sucesivas vueltas para perfilarlo, completarlo y, en definitiva, mejorarlo.

No se debe copiar nunca fragmentos literales de las fuentes consultadas, salvo si van recogidos entre comillas con indicación de su autor.

Probablemente la parte principal de un trabajo sea el apartado de conclusiones.

No se trata de hacer un pequeño resumen del mismo, sino de destacar someramente las ideas principales presentadas y los argumentos en los que se apoyan.

Deben ser ideas elaboradas, con cierta dosis de originalidad pero manteniendo cierta prudencia (no se pueden presentar tesis alocadas).

Todo trabajo debe llevar en la segunda página un índice que permita conocer la estructura del mismo, con indicación de la página en la que se encuentra cada apartado.

El estudiante puede incluir un anexo donde profundice en algunos aspectos que, bien por su extensión o por su nivel de detalle, no convenga incluir en el cuerpo principal.

Otra posibilidad es añadir estas anotaciones como pie de página.

Por último, el estudiante incluirá al final del trabajo una bibliografía con la relación de fuentes consultadas.

Deben ser fuentes efectivamente consultadas y no una relación amplísima de libros que resulte evidente que no se han visto (el alumno perdería credibilidad ante el profesor).

Esta lista irá por orden alfabético según el nombres de su autor.

En un trabajo escrito es tan importante el fondo como la forma.

Hay que poner gran esmero en la redacción, cuidando la construcción de las frases, la gramática y el estilo.

No se puede admitir ni una sola falta de ortografía.

También hay que cuidar la estética: uso de negritas, subrayados y cursivas, márgenes, puntos y aparte (que los párrafos no sean interminables), encuadernación, etc.

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